4.2.10

Diarios de viaje II

Hace un año editaba en este mismo sitio mi "Diarios de viaje", pálido y fatal presagio de un destino de flecha que se lanzaba unánime.
Contra ese blanco incierto que es la hoja reventé una y mil flechas encendidas.
Un año después, un año más, un punto que se va corriendo y estos versos que llegan para irme...


IN PAUSE

Suspendido en la nada
entre mudas certezas
pendiendo de un sonido
equilibrando
el tener con el ser
confirmando
que el tiempo se aniquila

en los relojes
y una atmósfera blanda
pegajosa
se adhiere como malla
contra su piel de felpa.

Pobre corazón mío,
derretido
expatriado
sucio
vago
inminente
corazón de peluche
tonto
blando
sin dientes
suspendido en lo mudo
en lo blanco
en lo llano
serpenteando su nada
como un trapito al viento.


Pendiente
postergado
corazón bizcochuelo
lentejuela
rocío
corazón caramelo
pan
franela
confeti
¡Bravo corazón mío
todavía pariendo!

Ya entendimos, querida.
Tomate un analgésico.


PESADILLA

(Para el hombre que en mitad de la noche no supo que soñaba)

Una estampida negra le sacude los sueños,
corceles de tullidas esperanzas

avanzan arrasando
entre las sábanas.
Un sudor pánico
un frío centenario
le cubre la mirada toda abierta.
Lo incorpora el espanto,
lo cachetea el tiempo,
un aire comprimido
seco
rancio
finito
le silba entre los dientes
resopla en sus narices
mientras un animal
noctámbulo y jadeante
le baila en la cabeza
un tango despiadado
de ausencias compañeras
y olvidos compadritos.


MITI/MITI

La mitad de la noche
la mitad de la cama
la mitad de tu cuerpo
en la mitad del sueño
la mitad del malbec
la mitad de la pava
la mitad de mi sombra
en la mitad del día

Un hachazo de tiempo recocido
quebró en dos para siempre la quimera
partida para siempre
ánima errante
vagará por las horas y las lunas
la mitad de mi alma mutilada
en la mitad punzante de un poema
en la mitad exacta de mi nada.


(Escuchando el mar...)

Victoria Morán

(c) copyright

19.1.10

Hojas sueltas...

"La memoria de un sueño en el que fuímos otros. La sensación, apenas un suave escozor en las yemas de los dedos, de haber sido feliz acariciando el lomo de un caballo. La pureza animal de la infancia llena de una perplejidad infinita. El recuerdo tiznado de alguna despedida. La primera vez en que llegamos al final de algo, para bien o para mal. El primer odio. Aquella vez en que nos vimos llorar frente a un espejo. La mirada que queda flotando después de una pregunta respondida con el más hondo silencio. El día en que dejamos de preguntarnos ¿por qué?. La mañana en que nos despertamos sabiendo que algo había cambiado para siempre. La noche en que sentimos que la palabra nunca era todo lo que quedaba de un viejo sueño. Una carta esperada con premura y abierta con palidez. Una nota alcanzada por el mozo mientras un par de ojazos cruzan el salón. Una coincidencia tan fantástica que marcaría como un sello el resto de nuestras vidas. El amor y su largo capricho. La pasión y su frágil crisálida. El terror de estar amando al fin. La paz de ser amado. Todo eso y algo más que se me escapa, en esta medianoche solitaria, escuchando Tchaicovsky como en sueños, entre la realidad y la memoria. ¿Qué habrá detrás de hoy? : un hoy nuevito, listo para lucir en el ojal…"



"Que no se debe escribir con la pena abierta. Que no. Que el desahogo está bien y el desenfado, el desenfunde, el desenchufe e incluso el enchufe su cable a tierra y escriba, sáquelo afuera, expóngalo. Eso está bien, despenarse sobre la hoja como sobre la copa, el cigarrillo o los ravioles. Sin embargo, se me ocurre que toda pena de amor –¿de qué otro gusto hay?- nos resulta fértil prado para escribir cuando podemos evocarla, cuando ya la hemos padecido hasta el desaliento. Una pena digerida, masticada, lista para optimizarla hasta el arquetipo y desde esa matriz, recién entonces, parir el poema."










+
LA PIEDRA

Apretada en mi mano
captura mi calor
-fresca costumbre-
y el secreto sonido de mi alma.
Huevo del tiempo,
cacareado en todos los caminos,
arrojada al destino
del estrecho sendero
la forma prodigiosa
es tan sólo una piedra.









+
ANYTHING

Arrebatarse en torno del deseo
más celebrado por los cuerpos ávidos.
Desabrocharse el alma de a botones,
ventilar los sentidos,
atracción en los ojos y en las bocas
que actúan sin nombrarse,
sin preguntas,
sin reservas
y sin presentimientos.
Entregarse
a la pasión por el goce
y al goce por entero
y saber y conciliar
que no hay atisbos de amor en esa entrega,
que gobierna la piel,
rige la carne,
con la despótica pasión de un soberano.

+

(c) copyright

13.1.10

"Vaaaámonosss..."

Alguna vez prometí dejar aquí mismo algún verso dedicado a los trenes, entrañables compañeros de mi infancia. Tal vez estas líneas que siguen sirvan de excusa, aunque no es el tren el dedicando exclusivo. La historia sucede en la estación de mi adorada Villa España natal... más precisamente en su andén.
¿No despierta una nostalgia infinita el andén cuando el tren ha partido...?
¿O soy yo?

(Soy yo).


Nostalgias del andén (vals)

Sombras de la tarde bajo la estación.

Vientos de nostalgia sobre el corazón.
Témpanos de adioses,
fugitivos y precoces,
avanzando entre las voces del montón.

Llega paso a paso tu figura azul
A rodear mis brazos bajo un haz de luz.
Es mi despedida,
una más en esta vida,
y en lo gris de mi partida
tu mirada se abre en cruz.

Pero no
me mires a los ojos mientras
tiemblan en mis labios
las promesas muertas
que rondan la espera
de un tren que no llega jamás al andén…
No me mires,

porque si me miras
con esos luceros mojados en luna
juro que ninguna
razón meditada
con Dios y la almohada
será suficiente
para que me siente
en el próximo tren.

No voy a pedirte que me dejes ir.

Cerraré mis ojos antes de partir.
Mi alma trasnochada,
todavía enamorada,
sube al tren, abandonada a su vivir.

Sangra tajo a tajo tu figura gris.
Muere entre mis brazos mi canción feliz.
Vamos a dejarnos
buenamente y alejarnos,
cuanto hubo para darnos
lo hemos dado sin medir…
V.M. (c) copyright

10.1.10

Adiós, corazón




Nadie debe extrañarse
Si una tarde de estas
Abre mi pecho mustio una rama impetuosa.
Porque mi corazón está muriendo ahora…
Un río caudaloso lo arrastró hacia la mar
Y en mi pecho allanado, vacío, ya sin eco,
He sentido crecer una raíz de ausencia,
Un árbol de silencios, de olvidos gritadores
Que habitan en mi centro,
En un lugar sin dónde.

Mi corazón se ha ido.
Una madera ruda me crece en la memoria.
Debo olvidarlo todo.
Olvidar lo que he sido desde que sé tu nombre.
Mi corazón se extingue.
Debo olvidar ahora.
Tajo a tajo morirte.
Mi corazón sin eco.
Mi corazón de viaje.
Corazón, raíz de ausencia.

De mi pecho sangrante está brotando ahora
Una flor cenicienta enferma de ilusiones.

Mi corazón se esconde detrás de dos palabras.
Corazón que no es mío.
Corazón que no es tuyo.
Un corazón de nadie.

Debo olvidar que existo
Para nacer de nuevo.


V.M (c) copyright

Para el Laboratorio poético, escuchando la sonata Claro de Luna, de Beethoven.




La maravillosa obra que observan es del pintor Gabriel Sainz, cuyo blog recomiendo visitar ya mismo: http://sainzpinturas.blogspot.com/

25.11.09

Mirarse, mirarnos...

Con los dos pies en el plato, en el barro, en la fuente…

Muchas veces la comprensión y la aceptación de una realidad sucede cuando empezamos a hacernos cargo de nuestros propios espejos.

En ocasiones, ser una Parte del Todo que es nuestro Universo en constante transformación, ya que hablar de evolución sería por lo menos presuntuoso, nos anima a andar por la vida fatigando nuestra condición de “parte”, dejando que el “todo” nos circunde, incluso nos empuje, sin intervenir demasiado, puesto que hay infinidad de “partes” que podrían hacerlo.

Sin embargo, la determinación de hacer algo por el otro, por esa otra parte igual a mí, de actuar conforme a la pertenencia de eso que tan lejanamente llamamos El Mundo, ese todo real que nos señala y nos convoca … comienza con un primer paso.

No importa cuán ambicioso sea. No importa cuán pequeño. Lo importante es la huella que dejará ese paso nuestro, que honrará nuestros huesos, que verán nuestros hijos, que seguirá andando solo de alguna manera, señalando el camino.

Este modesto informe, por así llamarlo, se propone poner los dos pies en un plato que El Mundo entero debería estar pisando, y así dar un paso al frente.


El muro del Apartheid en Palestina no resiste polémicas ni mayores análisis: es ilegal, arbitrario, opresivo, segregario y criminal.

Ha de llegar el día en que entendamos, aún a fuerza de cascotazos en la conciencia, que el espejo en el que es preciso mirarnos no está en la pared.

Ahora sí, con mayor destreza y solvencia continuarán ilustrando esta crónica las palabras e imágenes que aquí siguen…

V.M.





“Un pueblo que canta no muere”, dice el músico palestino Shadi Al-Assi desde un campo de refugiados de Belén. Por primera vez, el documental Checkpoint Rock, canciones desde Palestina crea un mapa sonoro palestino, que abarca desde lo tradicional hasta el rock y el hip hop. Y refleja, ante todo, a pesar de la adversidad, esperanza. “Volveremos al amor, volveremos para la paz”, canta Shadi.
-22 de octubre de 2009. Por Tania Molina Ramírez, La Jornada (México)-




¡No dejen de leer el siguiente informe!

El Muro del Apartheid en Palestina y el Derecho Internacional


Extractos del libro de Eduardo Galeano

Espejos.

Una historia casi universal.



Espejos

Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?



El horror de la guerra

A lomo de un buey azul, andaba Lao Tsé.
Andaba los caminos de la contradicción, que conducen al secreto lugar donde se funden el agua y el fuego.
En la contradicción, se encuentran el todo y la nada, la vida y la muerte, lo cercano y lo lejano, el antes y el después. Lao Tsé, filósofo aldeano, creía que cuanto más rica es una nación, más pobre es. Y creía que conociendo la guerra se aprende la paz, porque el dolor habita la gloria:

Toda acción provoca reacciones.
La violencia siempre regresa.
Sólo zarzas y espinos nacen en el lugar donde acampan los ejércitos.
La guerra llama al hambre.
Quien se deleita en la conquista, se deleita en el dolor humano.
Los que matan en la guerra deberían celebrar cada conquista con un funeral.




Dominantes y dominados

Dice la Biblia de Jerusalén que Israel fue el pueblo que Dios eligió, el pueblo
hijo de Dios.
Y según el salmo segundo, a ese pueblo elegido le otorgó el dominio del
mundo:

Pídeme, y te daré en herencia las naciones
y serás dueño de los confines de la tierra.


Pero el pueblo de Israel le daba muchos disgustos, por ingrato y por
pecador. Y según las malas lenguas, al cabo de muchas amenazas, maldiciones
y castigos, Dios perdió la paciencia.

Desde entonces, otros pueblos se han atribuido el regalo.
En el año 1900, el senador de los Estados Unidos, Albert Beveridge, reveló: Dios Todopoderoso nos ha señalado como su pueblo elegido para conducir, desde ahora en adelante, la regeneración del mundo.




Muros

El Muro de Berlín era la noticia de cada día.
De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro...
Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros brotaron, y siguen brotando, en el mundo. Aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.
Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.
Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y será quince veces más largo que el Muro de Berlín, y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que perpetúa el robo de la patria saharaui por el reino marroquí y mide sesenta veces más que el Muro
de Berlín.


¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos?





Guerras voraces

En 1975, el rey de Marruecos invadió la patria saharaui y expulsó a la
mayoría de la población.
El Sahara es, ahora, la última colonia del África.
Marruecos le niega el derecho de elegir su destino, y así confiesa que ha robado un país y que no tiene la menor intención de devolverlo.
Los saharauis, los hijos de las nubes, los perseguidores de la lluvia, están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Las Naciones Unidas les han dado la razón, mil y una veces, pero la independencia es más esquiva que el agua en el desierto.
Mil y una veces, también, las Naciones Unidas se han pronunciado contra la usurpación israelí de la patria palestina.
En 1948, la fundación del estado de Israel implicó la expulsión de ochocientos mil palestinos. Los palestinos desalojados se llevaron las llaves de sus casas, como habían hecho, siglos antes, los judíos que España echó. Los judíos nunca pudieron volver a España. Los palestinos nunca pudieron volver a Palestina.
Los que se quedaron fueron condenados a vivir humillados en territorios que las continuas invasiones van encogiendo cada día.
Susan Abdallah, palestina, conoce la receta para fabricar un terrorista:
Despójelo de agua y de comida.
Rodee su casa con armas de guerra.
Atáquelo por todos los medios y a todas las horas, especialmente en las noches.
Demuela su casa, arrase su tierra cultivada, mate a sus queridos, especialmente a
los niños, o déjelos mutilados.
Felicitaciones: ha creado usted un ejército de hombres-bomba.



San Francisco de Asís

Los cruzados habían puesto sitio a la ciudad egipcia de Damieta. En el año
1219, en pleno asedio, el fraile Francisco se desprendió de su ejército y se echó a
caminar, descalzo, solo, hacia el bastión enemigo. El viento barría la tierra y golpeaba la túnica color tierra de este ángel enclenque, caído del cielo, que amaba la tierra como si de la tierra hubiera brotado.
Desde lejos lo vieron venir.
Dijo que venía a hablar de paz con el sultán Al-Kamil.
Francisco no representaba a nadie, pero la muralla se abrió.
La tropa cristiana estaba dividida en dos. La mitad creía que el fraile
Francisco estaba loco de remate. La otra mitad creía que era tonto de capirote.
Era fama que charlaba con los pájaros, que se hacía llamar juglar de Dios, que predicaba y practicaba la risa y recomendaba a sus monjes: —Guárdense de aparecer tristes, ceñudos e hipócritas. Se decía que en su huerto, en el pueblo de Asís, las plantas crecían al revés, con la raíz para arriba; y se sabía que al revés opinaba. La guerra, pasión y negocio de los reyes y de los papas, servía, según él, para conquistar riquezas, pero no servía para conquistar almas; y las Cruzadas se hacían para someter a los musulmanes y no para convertirlos.
Movido por la curiosidad, o quién sabe por qué, el sultán lo recibió.
El cristiano y el musulmán no cruzaron armas, sino palabras. Durante el largo diálogo, Jesús y Mahoma no coincidieron. Pero se escucharon.


+info en

http://elmuro.rojana.com.ar/
http://www.palestina.int.ar/


Niños de Palestina





*Informe realizado escuchando: Amr diab, Khaled & Cheb Mami - Danza del vientre

20.10.09

Pasos

La ceniza del tiempo hizo el camino
pero también la huella
el leve paso
la sombra aletargada
la agonía
del que fatiga el polvo de la espera

de ayeres parpadeantes
de jirones de besos
de estentóreas y azules esperanzas
la harina del recuerdo hizo el sendero
por el que trasnochamos nuestros sueños
por el que sucumbimos nuestras ansias
el mismo en el que ahora se detienen
mis pasos
espectantes
olvidados
cansinos
solitarios
en alerta
mis pasos
el camino
nuestras huellas
y esta verdad gateando por el suelo.



V.M

(c) copyright

Para el Laboratorio poético, escuchando a Alfredo Abalos...

2.10.09

Ha de brotar aceite de esta piedra...

Si la luna se eclipsa,
el río se seca,
el pan se multiplica,
el cielo se abre,
la rama caída brota,
el día vuelve,
¿por qué no habrá tu amor de revelarse?
¿por qué no han de nacer palabras nuevas?
Si la noche termina,
si lo oscuro clarea,
si tu mano se entiende con mi mano,
si mi espalda se mece con tu pecho,

¿por qué no habrá la sed de desatarse?
¿por qué no estallará el sol en tus ojos
aniquilando sombras?
El amor se reinventa,
el miedo olvida,
el dolor se recicla,
la verdad nos apiada.
Si hay un amor más grande que la muerte
es el que yo te he dado con mi vida.
Los hilos de la trama están abiertos
aún,
hoy,
por ahora,
todavía.
*
*
V.M
(copyrigth)



Para el Laboratorio poético, escuchando al gran Chopin.

10.8.09

PenAúltima


Por el umbrío callejón de mis ansias, en lo estrecho de mis horas, voy y vengo. Desde el abismo sutil en el que muero a diario, mi corazón se lanza al aire, se suspende en la noche del grito y es una flecha de sangre despedida, arrojada en el miedo, en el espanto cuervo, en el amor crisálida. Voy y vengo. En la espesura de un sueño, me desgarro de mí, me desentiendo de todos los espejos y señales. Voy y vuelvo de mí: fiera asediada, sombra rumbosa, pregunta que se arrastra.
No quiero este dolor de niño solo, de final de año, de risa que se llora mientras mi soledad, vieja saeta, baila en el viento.
La flecha está en el aire, Señor, tú la lanzaste. Voy y vengo, relámpago, golpe, sablazo, látigo. La flecha está en el aire pero dónde irá a hundirse mi corazón sangrante que a olvidado su blanco.
V.M
(c) copyrigth

13.7.09

La sinrazón









Heme aquí
Con el alma asediada

Una flor contra el viento
Un grito en la tormenta
La sonrisa partida en mil pedazos
La voluntad perdida
En un mar de esperanzas y culebras
La culpa de no haberme equivocado
El error luminoso y absoluto
Ostentando su brillo conquistado
En mil batallas en donde una niña
Pierde otra vez su corazón de felpa

Yo anido una ilusión amarillenta
Yo acecho una promesa venturosa
Que no alcanzo jamás
Y veo de lejos
La espesura de un sueño
Dibujarse en la nada
Y estiro las inútiles
Manos de mil esperas
Hacia tu pecho esquivo
Que se aleja
Se aleja…

Y heme aquí
Mutilada
Hablándole a la noche
Volviendo de mi miedo con los ojos caídos
Negando que te has ido
Frenética, ridícula y tan inútilmente
Que la razón me alcanza su sensato pañuelo
Para secar tu ausencia que se ha volcado entera
Sobre mi pecho herido

Nada tiene sentido
Todo se quiebra y duele
La memoria apaleada
Sangra a cada suspiro
Se hunde en el espanto
Todo se rompe y hiere
Nada tiene sentido
Ni siquiera este llanto


(c) copyright




Escuchando "Vals Nº 7 op. 64 (Canción inolvidable), de F. Chopin.

10.7.09

Un largo y furioso silencio me puebla...

Todavía no sé escribirte, amiga mía, todavía quiero esperarte...

Estas palabras de Miguel Hernández vinieron como un hacha sedienta a golpear en mi pecho aturdido y colmado de tu ausencia.

Volveré a pensarte con palabras, a besarte con mis versos y a abrazarte con mis lágrimas en cada sílaba de tu amado nombre...

Sólo por ahora, adiós, querida amiga...

“…Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedientas de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte…”





15.6.09

"Hay que sacarlo todo afuera..."

















Yo, con todo lo escorpiana y todo lo serpiente, en este mismo instante tengo miedo.

El miedo, que es un vértice más en mi brújula, que me guía y me empuja sabiamente, comprende, porque me conoce a la perfección, que es preciso enfrentarnos cara a cara cuanto antes, para reconocernos.

Por eso, querida amiga, suelto estos versos tempranos y sentidos, para sacudir enseguida el miedo a que te alejes y no vuelvas. Ahí donde estás, en tu mundo confuso y solitario, es necesario que sepas que todo te espera todavía, que la vida retoza por tus venas y es urgente que vos también sueltes tu miedo y vuelvas de tu sombra y te levantes para abrazarnos honda y largamente mientras el mate va de mano en mano.

Te quiero, Guada.

Yo también soy esa mujer que espera bajo la luz agónica y estoy con vos en cada instante de tu sueño...


LA SOMBRA

El viento en el andén es un presagio oscuro.
La noche ciclópea con su ojo de luna ciega.
Un silencio noctámbulo comprime los oídos.
El aire denso como un mar de aceite.
Las uñas crispadas.
Las manos abiertas e inútiles.
La sombra de una mujer bajo la luz agónica.
No cabe ni un suspiro ni un espanto.
Sólo la espera larga y caprichosa.

Una bocina a lo lejos es un témpano
Quebrándose entre pecho y espinazo.
Un tren que se aproxima y llega y parte.
Una ausencia cayendo en la garganta.
Y un cortejo de grillos y fantasmas
Escoltando a una sombra que se aleja.


V.M (c) copyright

Pronto el poema será un papel arrugado y te vas a reír de mi alma exagerada...

Tu amiga, la despistada.

12.6.09

¿Qué ves cuando me ves?

Yo quería decirlo así, quería hablar de mi rostro hundido en el espejo, de mi cuerpo cayendo en el cristal, adentrándose en mi propio ser. Quería decir mi asombro ante mí y las mujeres que soy y las que ya no seré...


Y en eso no va que viene Octavio Paz, el genial poeta mexicano, y se manda esta maravilla:




ESPEJO


Hay una noche,
un tiempo hueco, sin testigos,
una noche de uñas y silencio,
páramo sin orillas,
isla de yelo entre los días;
una noche sin nadie
sino su soledad multiplicada.

Se regresa de unos labios
nocturnos, fluviales,
lentas orillas de coral y savia,
de un deseo, erguido
como la flor bajo la lluvia, insomne
collar de fuego al cuello de la noche,
o se regresa de uno mismo a uno mismo,
y entre espejos impávidos un rostro
me repite a mi rostro, un rostro
que enmascara a mi rostro.

Frente a los juegos fatuos del espejo
mi ser es pira y es ceniza,
respira y es ceniza,
y ardo y me quemo y resplandezco y miento
un yo que empuña, muerto,
una daga de humo que le finge
la evidencia de sangre de la herida,
y un yo, mi yo penúltimo,
que sólo pide olvido, sombra, nada,
final mentira que lo enciende y quema.

De una máscara a otra
hay siempre un yo penúltimo que pide.
Y me hundo en mí mismo y no me toco.


Octavio Paz

20.5.09

El peso del tiempo

...arrastrando las horas por el suelo
arrancando mechones de ansiedad con las manos
bajando en caída libre desde un sueño
a otro sueño en donde una niña

canta un vals imposible

como bestia asustada

el corazón jadea su obediencia
bombea su virtud domesticada
sacude su costumbre contra el muro
hierro perseverante que se inflama

yo abarco la impaciencia y el hastío
yo monto una quimera inexorable
yo, jinete, animal, montura, riendas
camino, polvo, viento y pampa larga

dejando atrás las horas sometidas

la delgada memoria de haber sido feliz
la frágil llama del amor bailando al sol
la pena hundida hasta la empuñadura
nada me lleva hacia un final
nadie me espera
mientras arrastro las horas como huesos
mientras en el espejo está la niebla
y un cortejo de sombras me acompaña
llevándome fatal hacia el olvido...




V.M copyrigth


Escuchando a Buika.

22.4.09

Al maestro con cariño

Hoy me acordaba de Macedonio y sin saber cómo dí con este texto de Borges perdido entre mis archivos.
En fín, me llamo a un respetuoso y atinado silencio.
Salud, Macedonio. Salud, Borges.
Los pienso a menudo...

Victoria



Palabras de Borges ante la tumba de Macedonio Fernández



Macedonio Fernández, 1874-1952








Un filósofo, un poeta y un novelista mueren en Macedonio Fernández, y esos términos, aplicados a él, recobran un sentido que no suelen tener en esta república.
Filósofo es, entre nosotros, el hombre versado en la historia de la filosofía, en la cronología de los debates y en las bifurcaciones de las escuelas; poeta es el hombre que ha aprendido las reglas de la métrica (o que las infringe, ostentosamente) y que sabe, también, que puede versificar su melancolía, pero no su envidia o su gula, aunque tales pasiones sean fundamentales en él; novelista es el artesano que nos propone cuatro o cinco personas (cuatro o cinco nombres) y los hace convivir, dormir, despertarse, almorzar y tomar el té hasta llenar el número exigido de páginas. A Macedonio, en cambio, como a los hindúes, las circunstancias y las fechas de la filosofía: no le importaron, pero si la filosofía. Fue filósofo, porque anhelaba saber quiénes somos (si es que alguien somos) y qué o quién es el universo. Fue poeta, porque sintió que la poesía es el procedimiento más fiel para transcribir la realidad. Macedonio, pienso, pudo haber escrito un Quijote cuyo protagonista diera con aventuras reales más portentosas que las que le prometieron sus libros. Fue novelista, porque sintió que cada yo es único, como lo es cada rostro, aunque razones metafísicas lo indujeron a negar el yo. Metafísicas o de índole emocional, porque he sospechado que negó el yo para ocultarlo de la muerte, para que, no existiendo, fuera inaccesible a la muerte.
Toda su vida, Macedonio, por amor de la vida, fue temeroso de la muerte, salvo (me dicen) en las últimas horas, en que halló su coraje y la esperó con tranquila curiosidad.
Intimos amigos de Macedonio fueron José Ingenieros, Ignacio del Mazo, Carlos Mendiondo, Julio Molina Vedia, Arturo Múscari y mi padre; hacia 1921, de vuelta de Suiza y de España, heredé esa amistad. La República Argentina me pareció un territorio insípido, que no era, ya, la pintoresca barbarie y que aún no era la cultura, pero hablé un par de veces con Macedonio y comprendí que ese hombre gris que, en una mediocre pensión del barrio de los Tribunales, descubría los problemas eternos como si fuera Tales de Mileto o Parménides, podía reemplazar infinitamente los siglos y los reinos de Europa. Yo pasaba los días leyendo a Mauthner o elaborando áridos y avaros poemas de la secta, de la equivocación, ultraísta; la certidumbre de que el sábado, en una confitería del Once, oiríamos a Macedonio explicar qué ausencia o qué ilusión es el yo, bastaba, lo recuerdo muy bien, para justificar las semanas. En el decurso de una vida ya larga, no hubo conversación que me impresionara como la de Macedonio Fernández, y he conocido a Alberto Gerchunoff y a Rafael Cansinos Assens. Se habla de la irreverencia de Macedonio. Este pensaba que la plenitud del ser esta aquí, ahora, en cada individuo, venerar lo lejano le parecía desdeñar o ignorar la divinidad inmediata; de ese recelo procedieron sus burlas contra viejas cosas ilustres.
Los historiadores de la mística judía hablan de un tipo de maestro, el Zaddik, cuya doctrina de la Ley es menos importante que el hecho de que él mismo es la Ley. Algo de Zaddik hubo en Macedonio. Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble.
Las mejores posibilidades de lo argentino —la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial— se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos. Macedonio era criollo, con naturalidad y aun con inocencia, y precisamente por serlo, pudo bromear (como Estanislao del Campo, a quien tanto quería) sobre el gaucho y decir que éste era un entretenimiento para los caballos de las estancias.
Antes de ser escritas, las bromas y las especulaciones de Macedonio fueron orales. Yo he conocido la dicha de verlas surgir, al azar del diálogo, con una espontaneidad que acaso no guardan en la página escrita.
Definir a Macedonio Fernández parece una empresa imposible; es como definir el rojo en términos de otro color; entiendo que el epíteto genial, por lo que afirma y lo que excluye, es quizá el más preciso que puede hallarse. Macedonio perdurara en su obra y como centro de una cariñosa mitología. Una de las felicidades de mi vida es haber sido amigo de Macedonio, es haberlo visto vivir.

Marzo-abril de 1952
Jorge Luis Borges (24/08/1899 - 14/06/1986)

31.3.09

Mi voz



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Hecha de instantes frágiles,
de aromas entrañables, contenidos
en un ápice huraño de mi lengua.
Suave, de enagua y lino,
con un asomo dulce
de candial y buñuelos.
Con ecos de campana,
de bullicioso patio en el recreo,
sonoridad de rondas y rayuelas,
criada jugando.
Astillada de a ratos por la espera,
mi voz, pequeña voz, canta la vida.
Irremediablemente la celebra,
la desviste, la besa, la despeina.
Vida que se arrellana en cada cuerda
y asoma en valses y zambas amorosas.
Es mi voz un enjambre de recuerdos
que se agolpan ansiosos en mi boca
irreverentes cuando apasionados,
nocturnos cuando tristes, solitarios,
haciendo fila tan inútilmente
que al saltar de mi lengua hacia el vacío
no sé si canto, lloro o me sonrío.


Se me escapa en la voz entera el alma,
prisionera de mí, avasallada
por mi propio sonido que me invade
y me puebla, me nombra y me recorre.
No soy yo cuando canto las tristezas
de un amor que se sabe ya perdido,
pero mi voz se viste de nostalgias
y recrea una atmósfera de ensueño
que me enciende en los labios y en los ojos
un fuego que no es mío, pero quema,
lo mismo que mis miedos más profundos.
***
Grave de evocación, ebria de ayeres,
mientras la gente atiende mis cantares,
yo sostengo la voz y me pregunto
si no es ella, mi voz, jirón del cielo,
la que bajo las luces me sostiene,
me para, me presenta, me libera
y dejo cuánto soy en una estrofa
y no soy más que un alma que se entrega.

V.M (c) copyrigth
***

¡Ay, Narciso, abandona mi cuerpo!

Uno de los asuntos que más me sorprende cuando alguien se acerca a saludarme después de una actuación, es esa grata curiosiadad que lleva al incauto oyente a preguntarme algo así como "¿de dónde te viene esa voz?".
Bueno, yo también me lo he preguntado y no sin cierto narcicismo y desenfado, a puro verso, me lo he respondido, o al menos cuestionado.


Victoria

9.3.09

Calles y poemas...

Yo sé que es un despropósito, una falta de criterio y tal vez una vana arrogancia barajar mis humildes versos junto a naipes tan mentados como los que siguen debajo.

Por eso, dejemos el buen vino para el final, y apuremos el mal trago lo más rápido posible.

Todo comienza con una necesidad.

Los amigos psicoanalistas hablarán de carencia y por qué no, de deseo. Es en realidad una buena excusa que nos viene a cuento, que encaja en el engranaje de nuestro sistema inmunológico en alerta -llámese alma-, y pone a trabajar el motor de nuestra voluntad.

Así, una tarde cualquiera me encontré mirándome las venas, ayuna de todo excentricismo y manía depresiva, miraba mis manos delgadas, con una tierna adoración.

Abría y cerraba a estas amigas, tocando en el aire con mis dedos finos una melodía imaginada por nadie.

De pronto el poema, que viene a sacarme a patadas algunos viejos y conocidos temores, me embadurna las manos de una nostalgia casi infantil. Tan propia de mi niñez como los oscuros pensamientos que acechaban las vigilias de mis sueños en aquellos días.
No está mal descubrir a los once años "La divina comedia"del Dante y la "Antología poética" de Alfonsina Storni. Pero después hay que dormirse...
Una mezcla de esto y aquello, un recuerdo que punza y una ausencia que sonríe desde lejos.
Ahí, el poema.


CALLEJONES


Hay lentos callejones en mis venas,
largos pasajes de piedra y musgo,
llenos de sombra y sombra de mi sangre.
Andenes cenicientos oliendo a ausencia y barro
se tienden en mis venas llamando a golpes secos
y rudos, en la sangre
anido los caminos baldíos del volver.
Ando siempre volviendo, huyendo, desandando,
olfateando la sal de mis remordimientos.

Los mares del olvido se agitan en la noche,
las olas van dejando rostros de arena y sueño
sobre mis pies descalzos.
Es la espuma de un sueño,
eso es, sólo espuma
burbujeando en mis dedos.

Un coro de sirenas lanza tu nombre al viento,
al vacío infinito que tu inercia comprime
asediándolo todo,
te respiro, te exhalo,
te inspiro, te retengo,
el oxígeno apenas se absorve por mi tallo.

Lentamente se vuelven callejones de sombra
mis venas que en racimos violáceos se consagran
frente el altar desecho de un amor aterido.
Ante el dios de mi pena despojaré mi sangre
mientras te pienso lejos,
mientras no sé si exista.


Victoria Morán
(c) copyritgh



POEMA DE UNA CALLE


Amo esta calle, y amo sus tristes casas
en las que se entristecen cumpleaños y bodas,
porque esta calle triste, se alegra cuando pasas
tú, mujer preferida entre todas.
Amo esta calle acaso porque en ella subsiste
no sé qué somnolencia de arrabal provinciano.
Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste
me parece más triste cuando te espero en vano.
Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella
con sus fachadas sucias y sus portales viejos.
Pero sé que es distinta cuando pasas por ella
y te miro pasar... desde lejos.
Por eso amo esta calle de soledad y hastío
que ensancha sus aceras para alejar las casas.
Mientras te espera en vano mi corazón vacío,
¡que es una calle triste por donde nunca pasas!

José Ángel Buesa


LA CALLE

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene; si corro, corre.
Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle donde nadie
me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

Octavio Paz



CALLE CON ALMACÉN ROSADO


Ya se le van los ojos a la noche en cada bocacalle
y es como una sequía husmeando lluvia.
Ya todos los caminos están cerca,
y hasta el camino del milagro.
El viento trae el alba entorpecida.
El alba es nuestro miedo de hacer cosas distintas y se nos viene encima.
Toda la santa noche he caminadoy su inquietud me deja
en esta calle que es cualquiera.
Aquí otra vez la seguridad de la llanura en el horizonte
y el terreno baldío que se deshace en yuyos y alambres
y el almacén tan claro como la luna nueva de ayer tarde.
Es familiar como un recuerdo la esquina
con esos largos zócalos y la promesa de un patio.
¡Qué lindo atestiguarte, calle de siempre, ya que miraron tan pocas cosas mis días!
Ya la luz raya el aire.
Mis años recorrieron los caminos de la tierra y del agua
y sólo a vos te siento, calle dura y rosada.
Pienso si tus paredes concibieron la aurora,
almacén que en la punta de la noche eres claro.
Pienso y se me hace voz ante las casas
la confesión de mi pobreza:
no he mirado los ríos ni la mar ni la sierra,
pero intimó conmigo la luz de Buenos Aires
y yo forjo los versos de mi vida y mi muerte con esa luz de calle.
Calle grande y sufrida,
eres la única música de que sabe mi vida.

Jorge Luis Borges

Y hacia el final, una imperdible versión del tango "Senda florida" en la voz del más grande: Carlos Gardel.

¡Escuchá al Zorzal criollo cantando este bellísimo tango! AQUÍ
****
SENDA FLORIDA

Letra de Eugenio Cárdenas
Musica de Rafael Rossi

Por esta senda donde un bello ruiseñor
cantaba alegre sobre un viejo ventanal.
Por esta senda yo he volcado de mi infancia
las arrogancias de mis años de esplendor.
Aquí del canto de las brisas aprendí
las armonías de una dicha singular
y el alba radiante con su deslumbrante
corona de luces me enseñó a adorar.
Bella senda,
donde mi alma aprendió a querer...

Donde con mi juego placentero
pasé los años primeros
que ya no pueden volver.
Felices años
que adoraba con vehemencia
bajo el cielo de inocencia
que me hacia estremecer.
Soy un jilguero
que va volando, volando,
y su canto va dejando
con infinito fervor.
Pues en tu senda
que esta llena de esplendores,
con las más fragantes flores
hice mi nido de amor.

En un recodo de tu senda está mi hogar
donde mi amada con dulcísima emoción
dice a la vida la belleza que la inunda
con las palabras que modula en su canción.

Senda florida que jamás olvidaré...
Bendita senda donde las dichas bebí.
Y que has perfumado el goce anhelado
de verme inundado de azul porvenir.

Vaya una anécdota del Maestro Carlos García, sobre el Morocho:

"Para hablar de Gardel abro un signo de pregunta: ¿Cómo sería Buenos Aires si Gardel no hubiera nacido?. Es el único que supo rescatar lo mejor de la ciudad y se lo entregó con el alma a la gente de Buenos Aires. Su pueblo se identificaba plenamente con lo que él le proponía.Tuve la suerte de conocerlo cuando yo era pianista de la orquesta de Roberto Firpo. Fue en Radio Belgrano y recuerdo que terminó de cantar "Senda Florida", se tapó la cara con un pañuelo y exclamó: "Que lindo tango, lo cantaría toda la vida". Para mí fue la mejor síntesis de que en lo que hacía se entregaba con todo".


No dejen de visitar este excelente post con jugosas anécdotas sobre Gardel, sus discos, repertorio, música y videos originales. Aquí!


Espero que les haya gustado tanto como a mí...

Victoria

3.3.09

De la fe que requiere el amar...

Siempre hay alguien que lo dijo antes y mejor ...

Esa es la certeza que me invade cuando me siento o me acuesto a pensar acerca del amor. Mis reflexiones van decayendo lentamente, pasando de la ingenuidad de Cándido al optimismo de Pangloss, del cinismo de Cacambo al pesimismo final del mismísimo Voltaire.

“Il faut cultiver notre jardin” (Hemos de cultivar nuestro jardín)
Son las últimas palabras de Cándido en la obra homónima de Voltaire.

En eso ando, cultivando mi bonito jardín para sentarme a ver ponerse el sol junto a los que me rodean, los cercanos a mi alma, los que amo, los que están sin que yo se los pida...




(para descargar la obra "Cándido" de Voltaire, click aquí http://www.gutenberg.org/etext/7109 )




Pero yo no hablaba exactamente de Don Cándido, sólo cruzó por mi mente y ya se sabe como es de caprichosa esta ratonera. Hablaba, pues, de la obra que aquí cito y recomiendo.

"El arte de amar", de Erich Fromm, es un librito de tapa dudosamente blanca con una rosa roja en el centro que siempre anduvo boyando entre las misceláneas y modestas pilas de libros que resistían el polvo en mi casa natal. Lo describo así, porque sólo tiempo después y habiendo vencido el prejuicio de leer un libro que mi madre me había recomendado, previa recomendación de su psicóloga, pude hojearlo sin recelo.


Hace menos de dos meses lo encontré por casualidad, odio las comillas pero aquí caben un par, y no hice más que asentir con mi cabeza mientras lo leía. Recuerdo haber llorado y maldecido, aunque tal vez en mi recuerdo -los años han vuelto demasiado exquisita mi memoria- no era yo quien lloraba sino alguna de las niñas y mujeres que ya no seré y que me habitan, rozando la invasión.

Este que sigue aquí debajo es sólo un fragmento, hacia el final del libro, en donde el autor ensaya un repaso de los requisitos fundamentales para aprender y poner en acto y palabra el duro y complejo arte de amar.

En momentos en los que me cuesta mirarme en el espejo de mi fe - fe en el amor, en mi amor, en mí misma-, reflexionar un poco acerca de esta capacidad de confiar, amar y creer puede contribuir positivamente a mejorar la imagen que ésta que escribe -y ésta tiene nombre- y más de cinco, queremos que el reflejo nos devuelva alguna vez y de una vez por todas...


De "El arte de amar", de Erich Fromm


Erich Fromm, psicólogo social, psicoanalista y humanista alemán.
23 de marzo de 1900 -18 de marzo de 1980

"La capacidad de amar depende de la propia capacidad para superar
el narcisismo y la fijación incestuosa a la madre y al clan; depende de
nuestra capacidad de crecer, de desarrollar una orientación
productiva en nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos.
Tal proceso de emergencia, de nacimiento, de despertar, necesita de
una cualidad como condición necesaria: fe. La práctica del arte de
amar requiere la práctica de la fe."

"Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la
disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Quien insiste en
la seguridad y la tranquilidad como condiciones primarias de la vida
no puede tener fe; quien se encierra en un sistema de defensa,
donde la distancia y la posesión constituyen los medios que dan
seguridad, se convierte en un prisionero. Ser amado, y amar, requiere
coraje, la valentía de atribuir a ciertos valores fundamental
importancia -y de dar el salto y apostar todo a esos valores-."


"¿Hay algo que deba practicarse en relación con la fe y el valor?
Indudablemente, la fe puede practicarse a cada momento. Requiere
fe criar a un niño; se necesita fe para dormirse, para comenzar
cualquier tarea. Pero todos estamos acostumbrados a tener ese tipo
de fe. Quien no la posee, sufre enorme angustia por su hijo, por su
insomnio, o por su incapacidad para realizar cualquier trabajo
productivo; o es suspicaz, se abstiene de acercarse a nadie, o es
hipocondríaco o incapaz de hacer planes a largo plazo. Mantener la
propia opinión sobre una persona, aunque la opinión pública o
algunos hechos imprevistos parezcan invalidarla, mantener las
propias convicciones aunque éstas no sean populares: todo eso
requiere fe y coraje. Tomar las dificultades, los reveses y penas de la
vida como un desafío cuya superación nos hace más fuertes, y no
como un injusto castigo que no tendríamos que recibir nosotros,
requiere fe y coraje.
La práctica de la fe y el valor comienza con los pequeños detalles de
la vida diaria. El primer paso consiste en observar cuándo y dónde se
pierde la fe, analizar las racionalizaciones que se usan para soslayar
esa pérdida de fe, reconocer cuándo se actúa cobardemente y cómo
se lo racionaliza. Reconocer cómo cada traición a la fe nos debilita, y
cómo la mayor debilidad nos lleva a una nueva traición, y así en
adelante, en un círculo vicioso. Entonces reconoceremos también
que mientras tememos conscientemente no ser amados, el temor
real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar. Amar
significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la
esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto
de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor. ¿Es posible
decir algo más acerca de la práctica de la fe? Quizás otro podría
hacerlo; si yo fuera poeta o predicador, podría intentarlo. Pero puesto
que no soy ni lo uno ni lo otro, no puedo ni siquiera intentar decir algo
más sobre la práctica de la fe, pero estoy seguro de que cualquiera
realmente interesado puede aprender a tener fe como un niño
aprende a caminar."





















En el estribo, un remanso para los ojos...

Eterno... "El beso" , de Gustav Klimt .

Espero que les haya gustado.

V.M

5.2.09

Diarios de viaje

Cambio

La viajera inconclusa, la que quiebra el silencio de la espera con un grito amordazado y lento como el bostezo fúnebre que ronda las salas de espera. La peregrina errante, la de los ojos largos como andenes, necesita una tregua. Poner un punto allí, decisivo y final como el crepúsculo. Que caiga como un fruto madurado y se pudra y se funda con la tierra para ser otra cosa. Una parte de algo que no le pertenezca, que ya no la desgarre como una tela al viento.



Verano rojo

Abrí mi ingenuidad a paladas. Me desangré en la tierra. Me hundí en mi sangre hasta nadar en ella. Con las manos rojas de una ternura inconcebible, casi desconocida, me abracé a la orillla de mis miedos. Era verano sobre todo lo tocado. Aún no te amaba. Aún no te conocía. Cuando quise olvidarte ya era tarde. E inútil.




Ruedas

Es un llanto metálico, desesperado por rascarse la ansiedad contra el andén.
La pasajera errante reconoce su canto. Ha dejado pasar trenes sin nombre regodeándose en el juego de la espera.
Tal vez no sea el rechinar hipnótico de las ruedas calientes acercándose. Tal vez es un quejido o un inquieto bailar en sus mandíbulas. Un mal presentimiento. Un golpe seco al tórax.
No, no pasará esta vez inadvertido.
Cuidado, peregrina, el viaje puede ser mágico y último.



¿Habrá algún lugar para insatisfacer en este viejo cuenco lleno de sed?







Estoy sola.
Es tan cierto como esa voz que llama desde el fuego tenaz de la memoria.
Es tan triste como una flor azul en el desierto.
Es tan insoportable como tu ausencia ahora que has venido.




Y entonces una voz enfatizó el silencio entre las sombras.
Tan evidente, unánime y certera fue la respuesta:
"Porque sí".


V.M
(c) copyrigth
Para el Laboratorio poético, escuchando a la Piaff en continuado...

13.1.09

Es el momento de decir adiós...

Andrea Bocelli , de su álbum Romanza -1997-

junto a la soprano Sarah Brightman.




www.quedeletras.com

Cuando estoy sola
Sueño en el horizonte
Y me faltan palabras.
Sabes que no hay luz
En mi habitación
Cuando el sol se va
Si no estás conmigo, conmigo.

En la ventana
Muestro a todos mi corazón.
Tú puedes entrar
Apagar dentro de mí
La luz que viene de la calle.

Es hora de decir adiós…
Países que nunca
He visto y vivido contigo
Sí que los veré ahora.
Contigo partiré
En los buques por la mar,
Yo sé que no, no, ya no existen.
Es el momento de decir adiós…

Cuando estás ausente
Sueño en el horizonte y me faltan palabras
Y sé que estás conmigo, conmigo.
Tú, luna mía, estás aquí conmigo,
Mi sol, está aquí conmigo,
Conmigo, conmigo.

Contigo reviviré,
Contigo partiré
En los buques por la mar…
Yo sé que no, no, ya no existen.
Contigo reviviré,
Partiré contigo,
Estoy contigo.

10.1.09

Bienvenidos al tren...


Ganas de subirme a un tren cualquiera que me lleve lejos, que me saque, que me transporte, si me es dispensable el pleonasmo.
A mí, la pasajera errante, la peregrina en sueños, la que viaja sobre renglones como rieles. Largas, rudas y soberanas paralelas que nunca se abrazan y están más allá del capricho y la vanidad de los andenes. Las vías pueden estar bien muertas y aún así retozar entre los yuyos y los desprevenidos caracolillos expatriados que las circundan.
Así, las líneas sobre las que uno instiga y oxigena su alma al escribir hacen su propio recorrido, nos llevan lejos, sin dónde, con nuestra pesada carga de preguntas recurrentes y respuestas consabidas.
El pasado es una cosa bien difícil de conjugar a medida que pasan los años.
Nací, me crié, como suele decirse aunque suene horrible, fatigué y viví mis primeros veinticuatro años en Villa España –todos de pie, por favor-, en el partido de Berazategui. (Sí, soy de ese sector de la provincia al que ahora se llama tan diligentemente y no sin antes persignarse “Sur del Conurbano Bonaerense”).
Crecí arrullada por el canto acompasado de los trenes y su nutrida batería de sonidos. Todo es un ruido si uno presta la debida atención. En tiempos de mi niñez tenía justamente eso, tiempo, que ahora mezquino y añoro. Todos los sentidos aceitados y expectantes cuando recién empezaba a soñar y me bebía el mundo como un vaso de Vascolet a las cinco de la tarde.
De modo que la melodía ferroviaria tiene varios matices: la bocina del tren partiendo y llegando, sobre todo esto último porque el sonido traía a mi viejo de la fábrica y el abrazo en cruz al ir a su encuentro es
uno de los recuerdos más bellos de mi infancia.
La señal, con su click-chac profético. “Fijate si hay señal”, solía decirse. “Ese no tiene señal, está atrasado”, se escuchaba al llegar a las vías.
El viento en los plátanos de los andenes. El chirriar de las ruedas. La campana en el andén a Plaza Constitución. Las piedras de la vía, que engrasaban los zapatitos de las niñas marchando paquete en mano hacia algún cumpleaños “del otro lado”.
Esas mismas piedras pero sobre los rieles: ¡y a esperar que el tren pasara y las hiciera polvo!. Era como una metralleta, duraba segundos y nos matábamos de risa al grito de “¡buenísimo!”. También poníamos tapitas de gaseosa, cuando todas eran de lata, y no faltaba el desubicado que pusiera un zapato o un sapo muerto. (Es cierto, vivo sería muy improbable, además de cruento).
El lento caminar del tren de carga, con su rodar monótono e interminable, coronado por un último vagón pintado de naranja que era todo lo que tenía de bueno y siempre estuve tentada de asaltar, aprovechando la lentitud de su marcha.
El silbato del guarda y su pregón cortito, nasal y seguro que según el destino del tren anunciaba: “¡vía Ranelagh parando en todas…!”; y el infaltable "¡Váamonooss!" , hoy ya extinguido.
Y por último, uno de los sonidos más lindos y más entrañables que nos sacaba corriendo de nuestras casas, impelidos, cada uno de los pibes y pibas de la cuadra exaltados al grito de “¡la zorra, la zorra!”.
¡Qué cosa más rara!, pienso ahora. Esos hombres que nos parecían rudos pero bonachones a la vez, que saludaban con su pañuelo engrasado y sus trajes de dudoso color azul. Era todo un misterio para nosotros, sobre todo el nombre, que no se sabía bien a qué se debía, ni preguntábamos ni nos explicaban. Era “la zorra”, un carro de madera bruta con una suerte de sube y baja en el medio para impulsarlo. Se la oía venir de lejos con su sirena, su chirriar y su misterio. Pasaba veloz ante nosotros y nos parecía un espectáculo encantador, en el sentido más primitivo de la palabra. No recuerdo cuando fue que dejé de correr a ver pasar la zorra, pero si escuchara ese sonido ahora mismo, que vivo en Don Bosco a una cuadra de la vía, saldría corriendo otra vez.


Así me llevan lejos estos rieles de la palabra, así sopesan y soportan mi tren de carga ahora que pasados mis treinta años todo me pesa un poco más.
La pasajera errante, la viajera perdida de Blomberg y Maciel, la de la valija en la mano sigue esperando, sigue escribiendo su espera, con la soledad de los andenes vacíos y con la esperanza de una bocina a lo lejos.
Para todo aquel que espera. Para todo aquel que cree e insiste. Para los que no se han rendido y soportan su carga estoicamente. Para todos los pueblos que han crecido al costados de las vías y sobre todo para el mío, Villa España adorada, vayan y vengan estos poemas que hablan sobre trenes. Les debo el mío propio, que ya vendrá cuando tenga señal, pero por ahora:

Bienvenidos al tren…


MAESTRANZAS DE NOCHE










Hierro negro que duerme, fierro negro que gime
por cada poro un grito de desconsolación.
Las cenizas ardidas sobre la tierra triste,
los caldos en que el bronce derritió su dolor.
¿Aves de qué lejano país desventurado
graznaron en la noche dolorosa y sin fin?
Y el grito se me crispa como un nervio enroscado
o como la cuerda rota de un violín.
Cada máquina tiene una pupila abierta
para mirarme a mí.
En las paredes cuelgan las interrogaciones,
florece en las bigornias el alma de los bronces
y hay un temblor de pasos en los cuartos desiertos.
Y entre la noche negra —desesperadas—- corren
y sollozan las almas de los obreros muertos.

de Pablo Neruda




LA OTRA ESPERA








(Estación de trenes de La Quiaca )

Tienen la misma calma de los trenes
que llegan, varias veces por semana,
tras el olor de la carnada humana
que los espera, quieta, en los andenes.
Llevan muy poco, y sus escasos bienes
caben en las mantas rústicas de lana
que cargan en sus hombros sin mañana
en tanto que el ayer ronda sus sienes.
Sentados contra un muro de ladrillo
parecen una réplica sin brillo
de antiguos dioses muertos y herrumbrados,
porque también se oxidan en la espera,
mientras los va cubriendo desde afuera
un polvo de recuerdos ya olvidados.
de Pablo Miquet




TREN FANTASMA








Al final de la barra apareciste
como un tren fantasma
que mueve campanillas.
Tu cara aún tenía
el susto del viajero
que, en vagón de madera,
siente los escobazos,
el hilo dela muerte,
la calabaza hueca.
Querías compañía para entrar en el túnel.
No te la di, no puedo.
He de ocupar mi sitio
detrás de las cortinas,
para seguir aullando
y mordiendo a los niños.

de Vicente Molina Fox




TRENES EN LA NOCHE










Imagina dos trenes,
rodando en la alta noche,
que se cruzan de golpe,
camino cada cual de su destino.
En cualquier parte,
en medio de un empalme en ningún sitio,
por vías oxidadas, los vagones,
de pronto, se detienen.
Miras por el cristal y allí,
en lo negro,
se ilumina una cara justo enfrente.
De momento has pensado que es la tuya
reflejando tu insomnio y tu cansancio.
Es una sensación. Dura un instante.
Te fijas con cuidado en la ventana
y el rostro que se enciende al otro lado
es, sin duda, de otro.
De una oscura mujer, para más señas.
Es hermosa, te dices, mientras miras
sus ojos en los tuyos duplicados.
La escena es momentánea.
Tras un ruido metálico
y muy seco, el movimiento
empieza a separaros para siempre.
Ninguno de los dos hacéis ya nada
que impida lo que es inevitable.
Con el ruido del tren y el traqueteo
supones que pensabais en lo mismo:
que fue un vano espejismo,
que fue un sueño.


de Álvaro Valverde


Las últimas dos fotos pertenecen al sitio Crónica Ferroviaria.

11.12.08

Bola de Nieve: la verdadera magia negra

América Latina no tendrá nunca sus "Blancas Navidades", pero tendrá para siempre a su "Bola de Nieve" girando en sus discos, temblando, saltando, riendo y gozando con su voz de cascabel doliente, de antiguos carnavales, de serenata sola.

Habiendo en la web una crónica tan bien documentada como la de Deny Extremera, sólo me queda agregar que admiro y quiero a este bello ángel negro, que me bajó a la tierra o me expulsó a los cielos, lo mismo da, con su versión de "Vete de mí", justo cuando buscaba encontrarle la vuelta a la interpretación de ese bolero, con mi voz pequeña y nasal. Valió la recomendación del pianista Juan Trepiana: "Escuchá la versión de Bola de Nieve".

Uno puede andar mucho, amontonar las penas como charcos hasta formar un lago tembloroso de recuerdos y desnudarse el alma y zambullirse en los viejos dolores o sentarse sobre cenizas, como Job, a rascarse las llagas con una teja. Uno puede acostumbrarse a esperar y conformarse, aceptar un destino de etiqueta, emprolijarse el corazón con fijador, morder el freno y tirar para adelante, empolvarse la risa. Uno puede amigarse con el espejo y saludar al sol cada mañana, como bien recomiendan los gurúes de turno. O uno puede simplemente estar cansado, quedarse a un lado, apretar el botón del automático y seguir respirando, visitar al psicólogo por años, empezar tae kwon do o macramé, comprarse un perro o un tiempo compartido en Bariloche.
Así uno puede ir andando.
PERO, si uno logra hacer con su laguna de penas, con su armario de recuerdos, con su rutina completa, ESO, eso mismo que Bola de Nieve hace con su voz y con su piano, con su arte todo, con su magia negra, entonces, tal vez entonces, no necesite de nada más para vivir, halle el secreto de la juventud, la dicha de estar triste y sea inmortal para siempre...
Mientras tanto, ustedes y yo, aquí desde esta esfera, tengamos el consuelo y el goce de escucharlo, desabrochándonos el alma, aflojándole el nudo a nuestra agenda y por qué no, revoleando el zapato derecho del deber y el izquierdo del cumplir...




*

Escuchemos "Pobrecitos mis recuerdos", de y por Bola de nieve.
Y enganchado, "Adiós felicidad", de Ela O`Farrill.


Cante negro lindo!!!




Pobrecitos mis recuerdos

como luchan por quedarse junto a mí.

Yo les digo que se marchen,

que me dejen,

que no me hablen más de tí.

Que tu fuíste mi alegría,

que tu has sido mi dolor,

que me duelen todavía las heridas de tu amor.

Pobrecitos mis recuerdos

que no piensan más que en ti…

Pobrecitos,

como lloran por quedarse junto a mí.

*


Adiós felicidad,

casi no te conocí,

pasaste indiferente,

sin pensar en mi sufrir.

Todo mi empeño fue en vano,

no quisiste estar conmigo,

y ahora me queda más honda

ésta sensación de vacío.

Adiós felicidad,

casi no te conocí,

pasaste indiferente,

sin querer nada de mí.

Pero tal vez llegue el día

en que pueda retenerte

mientras con la esperanza

de ese día he de vivir.

Adios felicidad…


Más info en http://es.wikipedia.org/wiki/Bola_de_Nieve


"Cubano, negro, místico, homosexual en una sociedad homófoba y negro en una sociedad racista; pero su alta calidad personal y profesional hizo que estuviera por encima de todo, y que por encima de todo fuera músico, Ignacio Villa, Bola de Nieve (1911-1971), como le bautizaron, forma parte de los mitos latinoamericanos del siglo XX, pero también tuvo mucho éxito en Europa, Asia y Estados Unidos. ¿Quién era este hombre que, con un simple piano y su media voz, causó escalofríos en Edith Piaf, Andrés Segovia, Neruda, Robeson?"



Espero que les haya gustado
Victoria

3.12.08

Yoshiro Tachibana

Música para ir leyendo...

*

*
Conocí a Yoshiro por casualidad y hace poco tiempo...
*

LA PAZ LARGO ALLA SICILIANA

*

Para alguien que se dedica a cantar tangos que cumplirán un siglo de un momento a otro, la noción de tiempo es cada vez más relativa y circular. Convencida de que hay un instante para cada cosa, que no es igual para nadie -¡vaya novedad!- y que la flecha parte sin aviso previo a su destino, como una voz que avanza lentamente y se detiene, risueña, a pasitos de la puerta para susurrarnos algo que cambiará nuestra vida para siempre.

*

SOÑADOR EN LUNA LLENA

*
De este misterioso modo conocí a cada uno de los vértices que delínean mi alma: cantores, músicos, escritores, amigos, amores y casi obsesivamente, poetas... Seres esenciales y necesarios que me justifican ante el espejo, que de algún modo me señalan, me delatan, porque yo soy en ellos y ellos son inherentes a mí.
Ni aún desenredando esta madeja metonímica se llega a tener una dimensión del todo que es mi alma.
Sin embargo, todo ser podría contemplarse del mismo modo en que se aprecia una obra pictórica: alejándonos algunos pasos para obeservarlo en su integridad, acercándonos luego para obtener una visión pormenorizada de los detalles de su tela espiritual.
Así conocí a Yoshiro, detectando enseguida que algo mío estaba en sus cuadros, tal vez un vago resplandor de mi infancia.
Así voy tocando su alma con los ojos y me encuentro a mí misma, con doce años, recitando un poema de Rafael Arrieta, mientras tiro piedritas al arroyo desde el puente ferroviario de Del Carril...
*
Noche de enero, quieta y luminosa,
junto al río, entre piedras y a tu lado.
Mi corazón maduro
para la maravilla y el milagro.
Si una estrella cayese
tendería mi mano.
*
*
Gracias por el recuerdo, Yoshiro...



NOCHE AZUL

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Pues bien, Yoshiro Tachibana ilustrará en este nuevo diseño de "Botón de muestra, Misceláneas de una poeta en pantuflas...", la cabecera del blog con su obra "Desnuda con la luna".

¡Qué decir de ella!. Soy mujer, soy nocturna, soy morena, soy luna. Amo las flores, la soledad y la simpleza del paisaje agreste. Algo de mí se encontró con Yoshiro en ese cuadro.

Los invito a visitar su galería aquí


FLOR



"El arte de pintar es descubrir el secreto de la armonía de la naturaleza"
(Yoshiro Tachibana)

1.12.08

Un cumpleaños diferente

Si bien este no es un espacio estrictamente confesional ni un diario de viaje, abro un lugar para contarles que el pasado 17 de noviembre amanecí cumpliendo mis 31 años en Sierra de la Ventana, junto a mis dos bellos amores, Lucía y Rai.
Vueltas del destino, atropellos de la suerte, saltos y piruetas del camino, oraciones elevadas a medio dormir, estrellas fugaces amontonadas por años bajo la almohada para que una mañana entre todas llegue al bendito día de mi aniversario de nacimiento en paz, feliz, sin ocuparme del horno ni preocuparme por la familia que tan penosamente se lleva y tan enseguida se junta cuando la agenda manda.

Tal vez porque a las diez de la mañana ya estábamos montando a caballo, o porque ando sin reloj hace un mes y me dejé guiar por los minutos que marca el sol, porque cuando tuve sueño dormí, cuando tuve hambre comí, y me olvidé de reprochar, retar y armar el día como un tetris, tal vez por todo esto, digo, fue el cumpleaños más atípico, descontracturado y extrañamente bello que me tocó vivir. Sin velitas ni comida porque sí. Sentí a ese mismo día como un regalo al que no terminé de acostumbrarme cuando ya se acercaba la medianoche...
Por las risas, los mimos y el esfuerzo por dar lo mejor de sí, por pensar en mí con generosidad y alegría, gracias les doy a mis dos amores en la vida, la Lulu y el Raichi..



A los pies, unas palabras que una vez escritas, me han arrancado a patadas viejos dolores y que vienen a cuento de este aniversario porque siempre pienso en la niña que fui cuando celebro mi vida y en la mujer que sería si esa niña se hubiese rendido hace tanto tiempo y tanto olvido...
**


LA NIÑA

Yo pude ser la otra, la mitad de la niña condenada a nacer. El costado siniestro de esa idea con hoyuelos. Yo pude ser el monstruo, el error contundente, la oración mutilada. Pude encarnar el miedo y el fracaso en escalas. Elegí reencarnarme en el sonido, en la palabra que agita las aguas del silencio, en la verdad que arranca de cuajo los papeles escritos en el viento.
La niña con su vestido de sangre y su muñeca anquilosada en brazos se para frente a mí, como un espectro bello y luminoso. Apenas se sonríe. Yo la beso. Yo pude ser aquella y fui la otra. Quién llora de este lado del espejo, no importa. Viven en mi asimétrica existencia, mi renga humanidad de porcelana, la niña y la mujer que escribe a solas.
Cuando la noche cierra sus labios sobre mis presentimientos, cuando el silencio aúlla en la voz de mis muertos yo me abrazo a esa otra, a la niña que arrastra su infinita pregunta y la miro a los ojos para leer respuestas que acaso no soporte, que no vendrán a tiempo.
Sobre un signo de muerte estaqué mi bandera. Fatigué soledades bajo el sol de la espera hasta llegar a mí. Y aquí estoy, arrastrada a un destino de hiedra bebiendo de los muros, amante de la sombra, la piel enverdecida y en la raíz reseca acechando la vida. Son tantos los recuerdos que podría matarme el olor de la lluvia cayendo sobre el pasto y en mis horas de espanto, balanceando a mi niña en un rincón vacío me incorpora el ensueño de un paisaje lejano y la felicidad entonces se parece a una casita blanca bajo un árbol salvaje.

V.M.
(c) copyright

24.10.08

Cavilaciones sobre la Primavera

-De aburrida, un verso más abajo-

Nada ideal para una tarde de sol, pero esta vez la gran Joni Mitchell desde su tema "Blue" hizo su aporte para el Laboratorio poético de esta humilde editora.


Poeta sin pantuflas, esta vez descalza sobre el piso de madera, a tono con los 26º actuales.


Démeter y Perséfone, madre e hija, se abrazan nuevamente, hasta que la muchacha engañada vuelva a los arrabales del infierno que Ades regentea. Aunque es menester aclarar que aquellos seis meses que la joven Perséfone pasa lejos de su madre no son como suele interpretarse los del otoño y el invierno, sino todo lo contrario, ya que en la época del verano es cuando la tierra griega se vuelve más estéril y la vegetación, siempre frondosa en tiempos de lluvias, no es más que un erial inútil.

En plena primavera mis versos destilan otoño...

Tal vez no estén tan desorientados.



Algo callado
subterráneo
incierto
viene elevándose
insondable
dentro
-polvo sediento
luz entre la grieta
lava que avanza
pleamar que inquieta-
está en mi sangre
-rosa incomprendida-
está en mis nervios
-pájaros suicidas-
algo que temo
estallará en mi boca
como un látigo de mar
sobre la roca

romperá con dolor
desde aquí dentro
eso que avanza
respirando lento
como un presagio
como un ansia oscura
desde la pura
esencia de mi asombro

yo sé que está, Señor,
tras de mis hombros
la noche de su aliento
me acaricia

cómo olvidarme
cómo distraer mis manos
sino esparciendo
signos para nadie
rasgando el aire
y transpirando en vano.



(c) copyright

11.9.08

Pablo Neruda: POETA

El genial poeta de Isla negra, en tres instantes de su vasta obra, acaso los que más me gustan ahora que la adolescencia ya no estorba con sus corazones flechados en mis cuadernos de notas.




Un hombre anda bajo la luna


Pena de mala fortuna
que cae en mi alma y la llena.
Pena.
Luna.
Calles blancas, calles blancas.
Siempre ha de haber luna cuando
por ver si la pena arranco,
ando y ando.
Recuerdo el rincón oscuro
en que lloraba en mi infancia.
-Los líquenes en los muros.
-Las risas a la distancia.
Sombra. Silencio. Una voz
que se perdía.
La lluvia en el techo. Atroz
lluvia que siempre caía,
y mi llanto, húmeda voz
que se perdía.
Se llama y nadie responde.
Se anda por seguir andando.
Andar, andar ¿hacia donde?
¿y hasta cuando?
Amor perdido y hallado
y otra vez la vida trunca.
Lo que siempre se ha buscado
no debiera hallarse nunca.
Uno se cansa de amar.
Uno vive y se ha de ir.
Soñar. ¿para que soñar?
Vivir. ¿para que vivir?
Siempre ha de haber calles blancas
cuando por la tierra grande
por ver si la pena arranca
ande
y ande.
Ande en noches sin fortuna
bajo el vellón de la luna,
como las almas en pena.
Pena de mala fortuna
que cae en mi alma y la llena.
Pena.
Luna


-LXXVIII-



No tengo nunca más, no tengo siempre.
En la arena la victoria dejó sus pies perdidos.
Soy un pobre hombre dispuesto a amar a sus semejantes.

No sé quien eres. Te amo. No doy ni vendo espinas.
Alguién sabrá tal vez que no tejí coronas
sangrientas, que combatí la burla,
y que en verdad llené la pleamar de mi alma.
Yo pagué la vileza con palomas.
Yo no tengo jamás porque distinto
fuí, soy, seré. Y en nombre
de mi cambiante amor proclamo la pureza.
La muerte es sólo piedra del olvido.
Te amo, beso en tu boca la alegría.
Traigamos leña. Haremos fuego en la montaña.

(de Cien sonetos de amor)



Ritual de mis piernas

Largamente he permanecido mirando mis largas piernas,
con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión,
como si hubieran sido las piernas de una mujer divina
profundamente sumida en el abismo de mi tórax:
y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa,
sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza,
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche
que una mujer está respirando, durmiendo desnuda y a mi lado,
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente
viciosos, melancólicos pensamientos
siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio,
así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo:
lo enteramente substancial, sin complicado contenido
de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios:
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida,
nada, sino la forma y el volumen existiendo,
guardando la vida, sin embargo de una manera completa.
Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo,
y se habla favorablemente de la ropa,
de pantalones es posible hablar, de trajes,
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"),
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos npor completo
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo.
Tienen existencia los trajes, color, forma, designio,
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar,
demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en elmundo,
y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido,
con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas.
Bueno, mis rodillas, como nudos, particulares, funcionarios, evidentes,
separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas.
Desde la rodilla hasta el pie una forma dura, mineral, fríamente útil, aparece,
una criatura de hueso y persistencia,
y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo,
la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva.
Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas, son allí mis piernas,
y dotadas de grupos musculares como animales complementarios,
y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
sin temblar permanece, aguardando y actuando.
En mis pies cosquillosos y duros como el sol,
y abiertos como flores, y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio, todo termina,
la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.
Siempre, productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo.
(de "Residencia en la tierra")






Fotos by La Vittoria