Por eso, dejemos el buen vino para el final, y apuremos el mal trago lo más rápido posible.
Todo comienza con una necesidad.
Los amigos psicoanalistas hablarán de carencia y por qué no, de deseo. Es en realidad una buena excusa que nos viene a cuento, que encaja en el engranaje de nuestro sistema inmunológico en alerta -llámese alma-, y pone a trabajar el motor de nuestra voluntad.
Así, una tarde cualquiera me encontré mirándome las venas, ayuna de todo excentricismo y manía depresiva, miraba mis manos delgadas, con una tierna adoración.

Abría y cerraba a estas amigas, tocando en el aire con mis dedos finos una melodía imaginada por nadie.
De pronto el poema, que viene a sacarme a patadas algunos viejos y conocidos temores, me embadurna las manos de una nostalgia casi infantil. Tan propia de mi niñez como los oscuros pensamientos que acechaban las vigilias de mis sueños en aquellos días.
No está mal descubrir a los once años "La divina comedia"del Dante y la "Antología poética" de Alfonsina Storni. Pero después hay que dormirse...
Una mezcla de esto y aquello, un recuerdo que punza y una ausencia que sonríe desde lejos.
Hay lentos callejones en mis venas,
largos pasajes de piedra y musgo,
llenos de sombra y sombra de mi sangre.
Andenes cenicientos oliendo a ausencia y barro
se tienden en mis venas llamando a golpes secos
y rudos, en la sangre
anido los caminos baldíos del volver.
Ando siempre volviendo, huyendo, desandando,
olfateando la sal de mis remordimientos.
Los mares del olvido se agitan en la noche,
las olas van dejando rostros de arena y sueño
sobre mis pies descalzos.
Es la espuma de un sueño,
eso es, sólo espuma
burbujeando en mis dedos.
Un coro de sirenas lanza tu nombre al viento,
al vacío infinito que tu inercia comprime
asediándolo todo,
te respiro, te exhalo,
te inspiro, te retengo,
el oxígeno apenas se absorve por mi tallo.
Lentamente se vuelven callejones de sombra
mis venas que en racimos violáceos se consagran
frente el altar desecho de un amor aterido.
Ante el dios de mi pena despojaré mi sangre
mientras te pienso lejos,
mientras no sé si exista.
Victoria Morán
(c) copyritgh

POEMA DE UNA CALLE
Amo esta calle, y amo sus tristes casas
en las que se entristecen cumpleaños y bodas,
porque esta calle triste, se alegra cuando pasas
tú, mujer preferida entre todas.
Amo esta calle acaso porque en ella subsiste
no sé qué somnolencia de arrabal provinciano.
Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste
me parece más triste cuando te espero en vano.
Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella
con sus fachadas sucias y sus portales viejos.
Pero sé que es distinta cuando pasas por ella
y te miro pasar... desde lejos.
Por eso amo esta calle de soledad y hastío
que ensancha sus aceras para alejar las casas.
Mientras te espera en vano mi corazón vacío,
¡que es una calle triste por donde nunca pasas!
José Ángel Buesa
LA CALLE
Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene; si corro, corre.
Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle donde nadie
me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
Octavio Paz

CALLE CON ALMACÉN ROSADO
Ya se le van los ojos a la noche en cada bocacalle
y es como una sequía husmeando lluvia.
Ya todos los caminos están cerca,
y hasta el camino del milagro.
El viento trae el alba entorpecida.
El alba es nuestro miedo de hacer cosas distintas y se nos viene encima.
Toda la santa noche he caminadoy su inquietud me deja
en esta calle que es cualquiera.
Aquí otra vez la seguridad de la llanura en el horizonte
y el terreno baldío que se deshace en yuyos y alambres
y el almacén tan claro como la luna nueva de ayer tarde.
Es familiar como un recuerdo la esquina
con esos largos zócalos y la promesa de un patio.
¡Qué lindo atestiguarte, calle de siempre, ya que miraron tan pocas cosas mis días!
Ya la luz raya el aire.
Mis años recorrieron los caminos de la tierra y del agua
y sólo a vos te siento, calle dura y rosada.
Pienso si tus paredes concibieron la aurora,
almacén que en la punta de la noche eres claro.
Pienso y se me hace voz ante las casas
la confesión de mi pobreza:
no he mirado los ríos ni la mar ni la sierra,
pero intimó conmigo la luz de Buenos Aires
y yo forjo los versos de mi vida y mi muerte con esa luz de calle.
Calle grande y sufrida,
eres la única música de que sabe mi vida.
Jorge Luis Borges